Por fin llegó la esperada fiesta del año en este pueblo agradable y remoto donde tengo la fortuna de habitar.
Hace cien años unos señores decidieron que les apetecía hacer los mismo que los ingleses: pasear con un palo, dando golpecitos a una pelota y terminar metiéndola en un agujero.
Así que, ni cortos ni perezosos, era la época de los grandes emprendedores bilbaínos, se pusieron manos a la obra y consiguieron que hoy en dia, pasados cien años, haya una gran afición al golf, muchos campos y para todos los gustos y bolsillos.
El primer campo de golf se construyó en la zona que hoy llaman "antiguo golf" pero en cuanto el asunto creció, lo trasladaron a la Galea, y es un campo realmente bonito, con un acantilado sobre el Cantábrico y unos pinos que el salitre destruye poco a poco.
Dicen que la fiesta resultó un éxito apoteósico.
Yo no asistí por varia razones:
A_ No soy socia. Me echaron dos veces. La primera para un año y la segunda para toda la vida.
No me preguntéis las razones porque no pienso decirlas, se mezclaron varias cosillas y una de ellas es que como ya os he contado en alguna ocasión, he tenido épocas revoltosas...
B_ No asisto a fiestas, no salgo de noche y no me gustan los clubs privados.
C_ Me encontraba en Barcelona en un evento con Prem Rawat (con esto ya está todo dicho).
Al observar y editar las fotos que hizo mi hija Beatriz, he observado que las chicas jóvenes desconocen ciertos protocolos.
Creo que Rocio Velasco debía dar unas clases antes de celebrar un evento de estas características.
Comprendo que los tiempos han cambiado y que la escasez de fiestas cree cierto despiste a la hora de ponerse un traje largo pero por favor, señorita ¿qué necesidad tiene de un reloj en una fiesta?
Los "tuxiedos" de los hombres es tema aparte.
Hablo desde una perspectiva de hace más de 45 años.
En aquella época a mi me hacían por lo menos cuatro o 5 trajes largos cada verano y el que era mi novio que mas tarde sería mi marido, tenía un smoking blanco y uno negro, por supuesto las camisas eran específicas, así como las pajaritas, los cinturones, los gemelos...
Lo que no se puede apreciar en las fotos pero por lo que cuentan era perfecta, es todo lo referente a la decoración, lo cual no me extraña ya que Rut Olabarri es una artista extraordinaria.
Todo lo que hace brilla con luz propia.