martes, octubre 29, 2013

Lou Reed








Lou Reed sin rimel.

Se murió el Tio Lou, mi amigo Lou, y Laurie, el West Village, Brooklyn y yo nos hemos quedados un poco solos.
Dicen que nos queda la música, pero la música yo ya la tenía antes del 96, año en que conocí a Lou Reed en Paris.
Me gustaría explicar muchas cosas de este perro callejero, desconfiado con lo desconocido, huraño en general y antipático con alguna prensa, pero acogedor, divertido, generoso, sensible y enormemente inteligente cuando decidía que eras suyo, que formabas parte de su mundo. Yo tuve esa suerte o esa carga, que también lo era.
No puedo explicar muchas cosas por que las oficiales son conocidas y las privadas son, eso, privadas.
Hoy he leído muchas crónicas y recordatorios referidos a Lou Reed y me doy cuenta que quien más o quien menos ha tomado drogas con él o ha sido agredido por él o le ha comprado jeringuillas o le ha visto en situaciones límite con travestis o cualquier otro tipo de compañías dudosas o le ha visto tirarle una paella a un camarero a la cabeza. Incluso un poeta dandy le recrimina haber dejado las drogas y haberse dejado de maquillar aduciendo que ello ha supuesto para él una merma artística irreparable.
Son maneras de recordar a un mito.
Mis recuerdos son mucho menos interesantes.
Yo con Lou he bebido vino muy bueno hasta que el cuerpo se lo permitió. He viajado con Laurie y Angels, mi mujer.
He producido tres de sus cuatro espectáculos de teatro con Bob Wilson (Time Rocker, PoeTry y Woyzeck). Nos hemos imaginado lecturas de poesía suya y de otros y las conseguimos llevar a cabo. Hemos cenado en medio mundo. Me enseñó a vivir Nueva York de una manera extraordinaria. Le he presentado a mis hijos y sobre todo, y casi lo más importante, nos hemos reído muchísimo, de nosotros mismos y de los demás.
Como dije antes, la música ya la tenía antes de conocernos, ya la disfrutaba, ya había hecho mi lista de discos preferidos, Berlín, Magic and Loss, NY, etc.
A partir de Noviembre de 1996 entró en mi vida un poeta, un ser humano de una complejidad extraordinaria pero de una brillantez también extraordinaria, que se convirtió en un queridísimo amigo como pueden ser quizás tres o cuatro personas en mi vida (alguna muerta recientemente) y en un colaborador que me ha ayudado muchas veces a dar brillo a mi trabajo al igual que él en alguna ocasión me pidió que yo le ayudara en el suyo.
Nunca le vi con Rimel y fueron diez y ocho años brillantes, no hizo falta.
Te quiero hermano y gracias por todo y no les perdones porque saben 
perfectamente lo que hacen.






2 comentarios:

Nela dijo...

Muchas gracias por esta entrada.

Blanca Oraa Moyua dijo...

gracias a ti por comentar.