jueves, abril 09, 2020

Nada es el fin del mundo.













Veo que hay blogueras que no solo tienen millones de seguidores sino que además les hacen comentarios a gogó.
Me pregunto por qué será.
Yo tengo bastantes seguidores, de eso no puedo quejarme, pero rara vez me hacen comentarios, sobre todo desde que me tienen castigada en FB y no me dejan entrar.
También tengo que reconocer que las pocas veces que me comentan algo, me dicen cosas que merecen la pena y me pongo muy contenta.
Yo lanzo al ciberespacio mis escritos, videos, opiniones, intimidades, las pelis que veo, las series que me encantan, los libros que leo, hablo de Prem Rawat, de mis enfermedades, de mis curaciones, mis terapias, mis frustraciones, mis desilusiones, mis manías, mis defectos, mis virtudes (creo que la única que tengo fija es la puntualidad), mis oscilaciones, mis contrariedades, lo que aprendo, mis errores, mis aciertos, mis hijos, mi nieta, mis padres, mis hermanos, mis amigos, mis tragedias, mis muertos, mis intereses, mis paisajes favoritos, mis desórdenes y mis intentos de hacer orden, mis altos y mis bajos, mi pasado y mi presente, mi amor al arte, a Fray Luis de León, A Bacon, a "La última cena" de Leonardo, al Hayedo de Otzarreta aunque todavía no he conseguido estar allí, hablo del Yoga Iyengar y del yoga Nidra, de Pilates, de mis novelas, de mis playas...
En fin, hablo de casi todas las cosas que componen mi vida, rara vez miento a pesar de que mi profe de escritura me instiga a hacerlo.
Me guardo ciertos asuntos que son de extrema intimidad e intento no hablar de las personas con las que me he relacionado a lo largo de mi vida, no me parece oportuno.
Cuando doy nombres lo hago eligiendo muy bien lo que digo para no hablar mal de nadie o, por lo menos lo intento.
Entiendo que hay cosas que veo desde un punto de vista diferente a la mayoría.
Ejemplo:
Me siento orgullosa de haber sido capaz de salir de la toxicomanía.
Ahora ya ha pasado el tiempo y casi no me acuerdo, pero cuando lo hago comprendo que fue algo grandioso.
Hice tanto esfuerzo al hacer Proyecto Hombre siendo ya mayorcita, cuarenta años, que me sentía como un astronauta que se prepara para ir a la luna.
Sin embargo, hay personas que prefieren que no se sepa.
Tal vez algunas veces se me escapa algo que para mi no es nada del otro mundo y para el susodicho es un secreto.
Son cosas que pasan, no es el fin del mundo.
















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