jueves, agosto 16, 2012

James Abbott McNeill Whistler














James Abbott McNeill Whistler 

El hecho de que haya dejado de lado los pinceles, los lienzos y los tubos de óleo, no significa que no siga sintiendo una pasión desbordante por la pintura. Me emociona hasta el fonde de mi alma.
Tanto la que hacen los demás como la que hacía yo: todo es parte de un mundo que eleva el espíritu y hace que la vida adquiera una dimensión de eternidad.

Yo me muevo con la vida, sigo su ritmo a través de la respiración y las musas me inspiran diferentes modos de expresión.
Ayer, sin ir mas lejos, se me terminó el té ayurvédico especiado que con sumo deleite tengo la costumbre de tomar durante el dia e incapaz de tirar la caja, de repente, sin casi darme cuenta, construí una sinfonía de colores que me alegró la tarde y la publiqué sin esperar, a riesgo de precipitarme.

No es mi modo dar por terminado algo sin antes haber dejado que el tiempo haga su trabajo y me comunique si necesita reparaciones, correcciones, quitar o poner, pero ayer me lancé al vacío; nunca es el fin del mundo.
Y me quedé satisfecha.

El ordenador me encanta pero me gusta combinarlo con mis cartones y una pequeña instalación que tengo entre manos.

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