lunes, julio 13, 2015

Saint Bertrad de Comminges

Me pregunto por qué motivo no he nacido en Francia gustándome tanto.
Tanto me gusta todo que hasta lo que no me gusta, si es francés, hace que se produzca una alquimia en mi selectivo paladar y termine encantándome.
El poder de la química
No tiene mucho mérito que me guste todo en Francia porque es tan alto el nivel cultural al que todo el mundo tiene acceso desde su más  tierna infancia, que a la hora de la vida cotidiana se refleja en casi todos los campos de la vida.

La pequeña excursión a Saint Bertrand de Comminges ha resultado maravillosa.
Majestuoso edificio en lo alto que se divisa desde la carretera presidiendo un pueblecito con todos los ingredientes indispensables para seducir al turista mas exigente.
Las hortensias de un rosa tan fuerte que casi parecen grosellas.
La variedad de los árboles, todos autóctonos y ya viejitos, nos deleitan con su quietud misteriosa creando en nosotros la curiosidad por saber qué han visto a lo largo de los siglos.

A cierta altura, los pájaros cantan mejor y cuando descienden al suelo para darse un paseo y se dejan ver de cerca, observó que visten plumas de lindos colores.
Ha resultado una tarde tranquila y placentera.

    

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