martes, junio 09, 2009

RETRATOS







Los retratos de Henri Cartier-Bresson

"Cuando hago un retrato
busco el silencio interior''

Un libro reciente de este maestro francés de la mirada, Un silencio interior (Electa, 2006) coloca a los amantes de la fotografía frente a una de las grandes obras artísticas del siglo veinte. Henri Cartier-Bresson (1908/2004) escribió que "la fotografía es como una cuchilla que secciona para la eternidad el instante que la ha deslumbrado''.

Nada más cercano a una descripción perfecta de lo que ocurre cuando uno se acerca a las imágenes captadas por este hombre de la provincia francesa (Chanteloup, pequeña población al oeste de París), hijo de una familia católica de ricos industriales. Fue un mal estudiante, pero por suerte se dio cuenta que "como no estudiaba nada, aprendía mucho''.

Como su padre y su tío, tomó clases de pintura con André Lothe, un hombre "sin sensibilidad, pero quien me enseñó geometría y sentido de la forma''. Ahí entendió que "es más importante la relación entre las formas que la luz. El equilibrio de volúmenes lo es todo''.

Un silencio interior reúne 97 retratos captados a lo largo de 68 años, una obra de una coherencia absoluta que proviene de un pintor amateur que en 1932 compró una cámara Leica de 35 milímetros. Con esa cámara captó las cenizas de las guerras, las revoluciones, los campos de concentración, momentos de felicidad y dolor de los seres humanos.

Siempre intentó trasmitir la personalidad y no una expresión. Para atrapar algo tan complejo se aprovechó de su timidez, que le permitía permanecer en silencio frente a un personaje hasta que capturaba lo que estaba buscando. Así ocurrió con Matisse en 1944, en su casa de Saint Paul de Vence, en la Costa Azul. Y con Ezra Pound en 1971, después de que había colaborado con los fascistas, de que los norteamericanos lo pasearon en una jaula, y de condenarlo a 12 años de reclusión en una clínica para enfermos mentales. Cartier-Bresson logra trasmitir la imagen de la derrota y la rabia en su casa de Venecia. Como un digno cazador de cicatrices, las cicatrices del siglo veinte.


Música: María Callas (Com Per Me Sereno)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Blanca Oraa si Henry pudo captar el silencio interior,
tu has logrado captar la belleza del alma, fijate en Pizca,
Isabel Aguirre, Marcela, tu mamá, tu hijo, tu hija, tu sobrino, todos los demás y yo.
Gracias!

Blanca Oraa dijo...

@Anónimo:
Es muy bonito lo que me dices y se nota que mo conoces bien ¿poe qué no me dices quien eres?

Anónimo dijo...

Blanca,te diré un poco de mi....
Yo soy de un pueblo de poetas,
estamos bajo la sombra del mismo árbol,
y nuestros corazones danzan al ritmo
del ir y venir de cada aliento y esto
viene a ser nuestro sustento.
Con esto ya sabes quien soy!
Abrazos.

Blanca Oraa dijo...

@Anónimo: ¿eres Cecilia?

Anónimo dijo...

Blanca en si, soy un alma en el
proceso de aprender y afortunadamente
nos ha tocado la misma suerte.
El nombre no es tan útil, la esencia
lo es mas. Al fin y al cabo todos somos
anónimos y obtenemos nuestra identidad
ante la presencia del altísimo.
Blanca, Please! Permite disfrutar mi anonimato,
como lo hace el avestruz, esconde su cabeza y
y se le salen las grandes piernas.
Saludos, te quiero!
Tu fan virtual

Anónimo dijo...

Me encantan tus comentarios, Ceci. Yo comenté en you tube que los retratos de Blanca son impresionantes porque captan el alma de las personas. Me divierte vuestro diálogo comentaril. Otra que está feliz a la sombra del mismo árbol. Isabela